Extremadura se ha convertido en uno de los referentes del turismo rural en nuestro país, su gran extensión dota al paisaje de una inusitada diversidad de fauna, vegetación y contraste geográfico, claro ejemplo son las sierras del norte de Extremadura que ofrecen a los amantes de la montaña, la oportunidad de perderse en sus senderos.
La provincia de Cáceres se encuentra geográficamente limitada por dos sistemas montañosos, el Sistema Central al norte y los Montes de Toledo, al este; el espacio que conforman ambos sistemas recibe el nombre de Sierras Norte de Extremadura. Al sur de estos sistemas montañosos, se abre paso la amplia penillanura trujillano – cacereña, que cruzada por el río Tajo, ocupa el centro y el oeste de la provincia.
Más allá del sentido puramente geográfico, Las Sierras Norte de Extremadura son una sucesión de comarcas accidentadas, con un rico sistema fluvial de gargantas y ríos. Es precisamente la abundancia de agua, la que propicia el verdor escalonado del paisaje, que se extiende desde las altas cumbres nevadas, hasta las vegas y los valles fluviales.
De izquierda a derecha las Sierras Norte de Extremadura están formadas por:
> La Sierra de Gata y las Hurdes
> El valle del Ambroz dominado por la Sierra de Béjar y la comarca de Trasierra – Tierras de Granadilla,
> El Valle del Jerte que se abre entre las estribaciones de la sierra de Béjar y la sierra de Gredos
> La comarca de La Vera con el río Tiétar como eje
Como telón de fondo de este espectáculo para los sentidos, se alzan las cumbres de Gredos.
Con todos los matices intermedios, las Sierras Norte de Extremadura participan de elementos de marcada identidad paisajística en el contexto extremeño, constituyendo una referencia que trasciende nuestro propio ámbito regional. Este paisaje tan bello y mutable, además de ser un bien común, tiene un elevado sentido integrador en la definición y sentimiento de las Sierras del Norte de Extremadura.
A los elementos naturales, se suma la memoria cultural de la mano de los habitantes de estas tierras y sus testimonios. Los bancales que surcan horizontalmente las Sierras del Norte de Extremadura y el primor de los huertos son algunos testigos de esta unión de tradición y naturaleza.
La geología también pone su matiz en esta obra, cuando el granito predominante en el Ambroz, el Jerte y la Vera, da paso a los serrijones pizarrosos de las Hurdes y Gata. El clima suave, la riqueza y fertilidad de una vegetación atlántica y mediterránea, la pureza del aire y su luz maravillosa, convierten a las Sierras Norte de Extremadura en uno de los espacios más bellos, variados y profundos del territorio peninsular.
|